HBO Max en MX: el Sentido y la Postelevisión


Es asequible. Estoy hablando del Sentido. Aun para la empobrecida clase trabajadora, la Postelevisión permite acceder, si se quiere, al sentido que fluye a través de la Internet, codificado en el interior de las llamadas: plataformas. Si se quiere, dije, porque el encuentro con el Sentido está en ellas, efectivamente, pero debajo de las capas de oropel con el que se presentan ante el potencial “consumidor”.

Con una agresiva estrategia mercadológica, la marca HBO decidió introducir su nueva plataforma de streaming en el territorio mexicano usando, precisamente, la táctica de las capas de oropel: Agradables tonos violetas-rosáceos y fluorescentes fondean el panel sobre el que resaltan los títulos y los actores más populares del momento. Heroínas, criaturas 3D colosales, hombres de acción calvos y rebosantes de esteroides, etc, forman parte de ese elenco hipnótico y edulcorado.

No obstante, tan sólo una capa más abajo, la megaproducción de éxito contundente y referencial: Game of Thrones ya encamina al interesado hacia una de las más potentes fuentes sensoriales de la cultura contemporánea. Todas las series importantes de HBO –esos instrumentos de aniquilación de la Televisión tradicional– se encuentran allí, conviviendo con las producciones más recientes, ya originadas en la Postelevisión (configuración que habrá de colapsar al de por sí decadente modelo televisivo On air de las cableras y la TV abierta privada).

En buena medida es alentador; el contenido de masas sostiene desde ahora las finanzas que permiten al público de mayor curiosidad cultural e intelectual –aspecto que trasciende la procedencia de clase– acceder, efectivamente, al Sentido. Por otra parte, las plataformas que han apostado por una mayoría de capas de superchería anodina, si bien no tendrán demasiadas dificultades para sostenerse, al menos se verán comprometidas con una cantidad de sentido mayor a la que sus propietarios habrían estado dispuestos a producir.

Definitivamente no soy devoto de la competencia o del libre mercado, pero celebro el movimiento que Warner Media ha ejecutado en nuestro territorio para vendernos su plataforma. Está sacudiendo el campo semántico del lenguaje audiovisual de nuestra contemporaneidad y ciertamente, lo está amplificando.

Sin embargo, los estertores de la vieja Televisión no terminarán tan pronto como pareciera sugerir aquí. Televisa sigue predominando en el espectro de la opinión pública nacional y su presencia en las clases marginadas sigue siendo un severo problema sociocultural. Tan solo este año recibirá (según estimaciones publicadas en la revista Merca 2.0) alrededor de 96 millones de pesos del erario, por concepto de Publicidad oficial del Gobierno de México.

Sobra decir que las otras grandes cadenas televisivas –y mediáticas en general– también seguirán, a pesar de un recorte de más del 60% en el presupuesto para el rubro, obteniendo financiamiento inmerecido a cuenta de nuestros impuestos. Sostener lo que el vocero de la Presidencia Jesús Ramírez Cuevas llama: "un ecosistema de medios" del que, según él, “dependen muchas familias mexicanas” no parece ser una acción ejecutiva que justifique todo ese dispendio.

Hacen falta muchas explicaciones, y también mucho Sentido en la Comunicación social de un gobierno que busca la transformación de la vida pública de México. Ya habrá tiempo de, por ejemplo, abordar el tema de cómo se aproxima esta administración (comunicacionalmente hablando) a temas tan complejos como el del uso problemático de sustancias, particularmente entre las personas jóvenes de diversos sectores de la población mexicana, pero cerraré por ahora este artículo afirmando que sí, la 4T todavía carece de una riqueza narrativa semejante a la que, afortunadamente y en buena medida gracias a la Postelevisión, nos estamos acostumbrando.

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