Great again 3: instrucciones para salvar al mundo


Supongo que hubo algo de honestidad y de utilidad en el acto de haberse embarcado hacia los confines del infierno. Aunque el objetivo primordial de horadar el cerco alimentario sionista y ayudar así a detener la cada vez más embrutecida masacre contra el pueblo palestino no fue alcanzado, la travesía de la Global Sumud Flotilla tuvo, al menos, una repercusión mediática sin precedentes. Un eco en el espíritu de una colectividad global que hace apariciones esporádicas con fenómenos de esta dimensión.

La mayoría de los 330 voluntarios que se involucraron en la misión –en particular aquellas celebridades relacionadas con el mundo del cine y el streaming– todavía tienen bastante qué perder. Su sustento depende de una industria perfectamente acoplada con el mecanismo de expoliación que ha sostenido al ente genocida como “Estado”. No sabemos si después de esta efervescencia ante la obviedad de la hambruna y la destrucción (que tiene políticamente en vilo a Netanyahu), el respaldo popular y global hacia pueblo palestino continúe.

Pero me quiero referir aquí a una pequeña parte del conjunto de esos navegantes; a esos 6 mexicanos que se embarcaron en una de las naves de la flotilla y que por lo demás son (casi todos) perfectamente desconocidos para lo que en México ahora llamamos –y qué bien que sea así– “El Pueblo”. Acaso, dos personas de este grupo son las más identificables: Ernesto Ledesma (director del medio digital Rompeviento TV) y Arlín Medrano (ex militante de las juventudes priistas y actual presentadora de Mañanera 360, noticiero de propaganda de Canal 14 del Sistema Público de Radiodifusión mexicano); perfiles que tienen el común de dividir opiniones entre la creciente comunidad politizada y de izquierdas que representa la base de la 4T.

Más allá de las simpatías o rechazos, estos dos personajes escuetamente reseñados comparten una característica principal con los otros 4 connacionales de la tripulación; pertenecen a una élite cuasi aristocrática de “izquierdas” que ha tenido o tiene relaciones de colaboración con diversas organizaciones políticas, dentro o fuera del espectro gubernamental. 

A continuación, una sucinta aproximación precautoria a sus perfiles, con el propósito de comprender los fines que todavía persiguen al haberse incorporado a la Sumud:

1. Karen Castillo: simpatizante y colaboradora editorial del neozapatismo, y coordinadora del Observatorio de Derechos Humanos Memoria y Libertad, una agrupación “enfocada en la documentación de actos de brutalidad policial, tortura y criminalización en contra de activistas…” –según la descripción de la propia Castillo– pero que es absolutamente opaca en cuanto a su financiamiento, y ambigua respecto a su vinculación política con el EZLN.

2. Sol González Eguía: psicoterapeuta y maestra en estudios de paz y mediación, que desde 2010 fundó y dirige el Centro DAEA del que se detalla en medios periodísticos: “está dedicado a la intervención psicosocial con énfasis en infancia, derechos humanos y atención en contextos de violencia”. Sea lo que esto signifique, la oenegé fundada por Eguía obtuvo, por ejemplo, una partida de 150 mil pesos mexicanos para la realización de “caravanas de cine y video documental” (de acuerdo con el Registro de subsidios en informes públicos 2017) durante el peñanietismo. Actualmente, la DAEA aparece como Asociación Civil en registros de organizaciones, lo que la hace elegible para distintos programas y convocatorias con financiamiento gubernamental.

3. Dolores Pérez Lazcarro: fue (hasta 2024) presidenta de G10 x Jalisco que, según su “bio” en Tuiter, tiene el objetivo de “promover e impulsar el empoderamiento, capacitación y participación política de mujeres, a través de reformas legales o políticas públicas”. Esta politóloga y académica del ITESO (Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente) es ahora presidenta de la organización Portavoces de Paz y cofundadora del colectivo Hebras de Paz. Su actividad política parece estar más centrada en hacer frente a la violencia social que dejó como legado el gobierno emecista de Enrique Alfaro en Jalisco.

4. Carlos Pérez Osorio: tiene una relación colaborativa con oenegés basada en su trabajo como documentalista, y ha producido y dirigido en latinoamérica y el llamado Medio Oriente en colaboración con distintas agencias de la ONU (UNRWA, UNICEF y ONU Mujeres). Destacadamente, Pérez Osorio ha colaborado con ZonaDocs, dirigiendo los documentales: La oscuridad de La Luz del Mundo y Las tres muertes de Marisela Escobedo.

Cabe apuntar que ZonaDocs ha contado con el financiamiento de organizaciones como: Google News Initiative, Seattle International Foundation, Chicas Poderosas, Internews, Fundamedios y MEEDAN. Específicamente, existe evidencia de que la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) ha estado, cuando menos, detrás del financiamiento dos de estas organizaciones:

- Internews, con un monto total de financiamiento por $47,095,457 USD, según un informe de la Oficina del Inspector General de USAID correspondiente al año fiscal 2023 (fuente: oig.usaid.gov). Y

- Fundamedios, con un financiamiento total de $2,800,000 USD en el mismo año. 

Asimismo, este último organismo recibió otra subvención de USAID (en noviembre de 2024) para un proyecto de cinco años en Ecuador (highergov.com), y aunque en el pasado reciente la organización negó recibir fondos directos de USAID, documentos oficiales han confirmado dicha relación financiera.

¿Qué podemos decir ahora de estos personajes, nombrados por no se sabe bien qué grupo, “delegados” de nuestro país para el fallido periplo? ¿Realmente nos representaron? ¿Alguno de ellos se preocupó por compilar o revisar nuestras inquietudes, propuestas o pesares respecto al genocidio?

Parece que no. Sólo se trata de profesionales del activismo que han encontrado una "oportunidad" de supervivencia en la decadencia; de monetizar a costa de haberse arrogado la representación de un pueblo que no los conoce y al que ni siquiera interpelaron. Como siempre, su proceder aparenta las mejores intenciones aunque, como casi siempre, sirva para las peores repercusiones (ejecutadas por quienes también frecuentemente les instrumentalizan).

En tanto, el sionismo, la más acabada y auténtica representación del mal en la contemporaneidad reclama un acto. Una acción contundente de la humanidad que al menos lo detenga. La flotilla, lamento aseverar, no lo fue. Se trató acaso de un acto reflejo. El espasmo de una corporeidad descomunal, narcoléptica y cada vez más farragosa.

Pero no nos entreguemos sin más al pesimismo, ese espasmo ha atraído reflectores que al menos esta vez podrían estar evitando, entre la ingente carnicería ejecutada por los sionistas –y en última instancia–, algunos asesinatos.

Por lo demás, aunque el frenesí endiablado de los preconizadores del ente genocida continuará, la humanidad no necesita más dramaturgias militantes ni actos de heroicidad. 

La humanidad debe, en un ensordecedor anonimato, levantarse toda y multiplicarse en las calles hasta colmarlas. 

Una pancarta por cada caído. 

Un infranqueable cardumen 

contra el Leviatán.





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