Great again 2: "la guerra de los 12 días"


En la primera entrega de esta serie, cuestionamientos sobre el canon ideológico de la derecha libertaria quedaron pendientes para la reflexión. ¿Qué mueve los comportamientos aparentemente irracionales de Donald Trump, y en última instancia, de todos los personajes que lideran esa "corriente"? Contundentemente podríamos decir que: el dinero. Pero a ese centro diáfano y quizá hasta obvio lo circunda una membrana que sí puede identificarse como ideología.

La maximización de ganancias y una capacidad inaudita de acumulación, por más pragmáticas que parezcan, son formas de operatividad que se originan en un supuesto meramente ideológico: vivimos en la era de los superdotados. Sólo ellos y sus nuevas formas de despliegue existencial entienden qué es la vida y qué lugar está destinado para cada animal o cosa del entorno común.

En esta lógica, las personas originarias de un territorio deben y deberán estar dispuestas a la taxonomía emergente. Gaza, como ejemplo de esto, deberá convertirse en la zona all inclusive más sibarita del mundo aunque para ello se deba recurrir a un genocidio. "Primero la fuerza y luego la paz". La especie humana en su conjunto debe reconocerse en su incongruencia, y en su capacidad de asumir ésta e instrumentarla.

La impulsividad de los superdotados es el estándar de la realidad vigente y venidera. La reflexión es el pasado. Sólo eso. Si eres heredero de un deleznable terrateniente aficionado a las perlas, tu deber en la adultez será follarte a la estrella pop más hype y destinarla a parir vástagos a los que por impulso, claro está, nombrarás con ecuaciones exóticas. Tu retorcidamente romántica aspiración puede ser colonizar con tus genes a la especie que pretendes reformar. Luego puedes perfectamente arrepentirte y buscar otro entretenimiento. No sé, puede ser la destrucción de la economía liberal, si te apetece.

Pero hay un pequeño impedimento para el despliegue del nuevo orden de los libertarios-superdotados: la finitud de los recursos; de toda índole. Tal y como a sus antecesores, los plutócratas financieristas, este hecho irrefutable les ha venido quedando claro. El más reciente acontecimiento que se deriva de esta verdad es su incapacidad para someter a una civilización que no opera en su lógica, y que incluso se ha planteado erradicarlos.

Irán, mediante una férrea disciplina teológico-militarista y de redistribución del ingreso, consiguió separar su civilización del curso de la que ahora está en franca decadencia. Si los tradicionales plutócratas no fueron capaces de someterlos desde los medios "greatness" del Complejo militar industrial (provenientes del siglo XX), su "evolución", el tecnosionismo bélico, falló también en su intento de balcanización de la república islámica.

Simbólico-cultural, política y tecnológicamente, el sionismo, en primera instancia, le ha dejado claro al mundo que está tan agotado como su soporte material en el pasado industrialista. Pero también, la llamada "guerra de los 12 días" ha dejado claro que la pompa del nuevo orden de los superdotados no es más que una ilusión jabonosa y delicada.

Ante toda esta inminente ola de revelaciones sobre nuestra contemporaneidad hay que mostrar, sin embargo, un hecho paradójico e interesante por su relación inherente con los principios regidores de la moral de los superdotados libertaristas: la capacidad de supervivencia en la adecuación.

Por más burdo y cerril que nos parezca, el líder del nuevo orden es una criatura del pecunio y actúa simbiótica y adaptativamente en ese ecosistema. Hay que reconocerle a Trump y a su equipo haber encontrado un punto de convergencia; una concavidad en las expresiones más decadentes de las civilizaciones en plena colisión, para a partir de ella manufacturar casi espontáneamente un dispositivo, precisamente, de concatenación de intereses. Un simulacro.

Otra verdad pudiera estar aconteciendo entonces: "la guerra de los 12 días" no es sino el dispositivo que está permitiendo a nuestra especie la posibilidad de supervivencia en la decadencia. La extensión del simulacro hasta el agotamiento. La soberanía basada en la capacidad de mutua detonación hipersónica o de enriquecimiento de uranio. Irán, desproveyéndose en los hechos de una supuesta honorabilidad inquebrantable como costo por su aceptación inminente en el grupo de los “nukes”, y Palestina, con millones de extremidades de niños e inocentes, enterrada en los escombros del edificio de nuestra humanidad.





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