Ensayo de un Crimen (y de una revolución, y de una transformación)

Se atribuye a Roosevelt la manida frase que señala: “en política nada sucede por accidente". Pues bien; me voy a permitir aquí forzar esta máxima para relacionar la exhibición de Ensayo de un Crimen, en el marco de la 71 Muestra Internacional de la Cineteca Nacional, con el ambiente de exacerbada politización que vivimos en México.
Con el pre-texto de su restauración; la decisión política –que, por lo demás, considero afortunada– de proyectar este, que es uno de los filmes aparentemente más discretos de Buñuel, sobreviene en tiempos donde la violencia hacia las mujeres vuelve a posicionarse como uno de los temas más relevantes en la agenda de los medios de información concesionados del país.
Con el pre-texto de su restauración; la decisión política –que, por lo demás, considero afortunada– de proyectar este, que es uno de los filmes aparentemente más discretos de Buñuel, sobreviene en tiempos donde la violencia hacia las mujeres vuelve a posicionarse como uno de los temas más relevantes en la agenda de los medios de información concesionados del país.
Las más recientes noticias sobre desapariciones de jóvenes en el estado de Nuevo León, más allá de lo lamentables que resultan, han sido utilizadas –veladamente o no– como propaganda contra lo que esos mismos medios ahora llaman “el oficialismo”. La inquietante imagen de Debanhi Escobar caminando vacilante, en medio de la noche, sobre una carretera solitaria, ya constituye un fragmento de nuestro imaginario público (aunque tal vez sólo de manera temporal, por lamentable que esto sea).
Y del pretexto al contexto: para algunos de quienes asistimos al reestreno de la película, la asociación resultó inevitable y encontramos en ella potentes antecedentes históricos y simbólicos del fenómeno de la violencia contra las mujeres en nuestro país. El personaje central, pulcramente interpretado por Ernesto Alonso, encarna perfectamente, si se mira con detenimiento, la psicopatía prototípica del oligarca mexicano.
En realidad, lo que Luis Buñuel nos propone en pantalla es uno de sus magistrales retratos sobre la putrefacta burguesía mexicana de mediados del siglo XX, dentro de una obra de gran valor histórico que, decía en el párrafo anterior, nos ofrece también una rica panorámica sobre los antecedentes sociales, históricos y culturales de la violencia machista mexicana. Aquella oligarquía inmutable, capaz de sobrevivir incluso a una revolución, no hizo en aquel momento más que sofisticar sus medios de opresión y dominación machista, ya en pleno camino hacia la industrialización del territorio nacional.
En realidad, lo que Luis Buñuel nos propone en pantalla es uno de sus magistrales retratos sobre la putrefacta burguesía mexicana de mediados del siglo XX, dentro de una obra de gran valor histórico que, decía en el párrafo anterior, nos ofrece también una rica panorámica sobre los antecedentes sociales, históricos y culturales de la violencia machista mexicana. Aquella oligarquía inmutable, capaz de sobrevivir incluso a una revolución, no hizo en aquel momento más que sofisticar sus medios de opresión y dominación machista, ya en pleno camino hacia la industrialización del territorio nacional.
En uno de sus momentos clave, el filme nos plantea una convivencia entre algunos de los arquetipos de la estructura sociopolítica de la época: un cura pícaro y de avanzada edad, solícito ante las figuras de un jefe militar y uno policiaco; todos gozando despreocupadamente del convite del protagonista, ese burgués perenne, de aspiraciones tan ridículas como retorcidas. Los herederos del fratricidio que habría dejado alrededor de un millón de muertos en los albores de ese siglo, reacomodándose en los viejos moldes y espacios que sus antecesores pudieron conservar.
El ensayo de un crimen, entonces, formaba parte –desde la mirada de Buñuel– de una performatividad inalterable de la tragedia histórica de una nación gatopardista. Hoy, ese "performance" de la política nacional está sufriendo una modificación, que amenaza o, mejor, promete, la ruptura del propio acto.
Quizá, aunque la deriva barbárica y feminicida engendrada durante el régimen anterior pareciera prevalecer, una fisura esté, en realidad, resquebrajando poco a poco a este último desde adentro. Quizá también, al observarnos en espejos como el de Buñuel, seamos nosotros quienes finiquitemos el ensayo.

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