Parar de rabia

Fuego, rabia, pañoletas verdes y moradas, un performance importado. Pintas, destrozos en monumentos, instalaciones…, pareciera una auténtica rebelión.
Nos encantan los montajes.
Antes de seguir habría que puntualizar que el “paro” de hoy; que este día sin ellas, se enmarcará, inevitablemente, en la expresión global del #8M. Se pretende que esta “huelga” sea una especie de eco, de ayer; un día en el que multitudes de mujeres se volcaron a las calles (de México y del mundo) para reivindicar las causas feministas; mismas que, sin duda, van encontrando mayor consistencia y fortaleza conforme avanza el siglo XXI.
En ese mismo sentido es pertinente remitirnos a la exitosa convocatoria que tuvo lugar en la historia recentísima de España: aquella que logró aglutinar en un día de huelga a decenas de miles de mujeres –la mayoría de ellas militantes feministas– con diversas organizaciones sindicales y sociales de clara orientación izquierdista.
En aquel marzo de 2018, juntas lograron parar a 120 ciudades españolas, cimbrando con ello al gobierno derechista de Mariano Rajoy, y dejando al paso una clara influencia en la reorientación de las bases ideológicas, programáticas y hasta de nomenclatura del partido más progresista de aquel país: Podemos.

Se podría considerar a ese fenómeno, calificado ya de histórico, como un antecedente de lo que se estará intentando llevar a cabo hoy durante el ya nombrado #9M, pero eso, opino, es demasiado conceder. Sí, lo digo mientras señalo la innegable penetración (si no es que implantación), ejecutada por poderes fácticos y constituidos de la derecha mexicana, en la convocatoria al pretendido paro de este 9 de marzo de 2020.
Esta injerencia no comenzó con el llamado, vía Twitter, supuestamente originado por un grupo de feministas veracruzanas. Apareció mucho antes incluso de que comenzara el sexenio de la autonombrada 4T. Los poderes de los que hablo han dirigido sus cajas de resonancia y sus aparatos reflectores hacia la cuarta ola del feminismo mexicano desde que ésta era un movimiento incipiente.
Lo hicieron desde que el gobierno de Felipe Calderón dejó de serles funcional, y lo replicaron cuando consideraron necesario abonar al debilitamiento de la presidencia de Enrique Peña Nieto.
Ayer, 8 de marzo, milagrosa y repentinamente, las corporaciones más conservadoras de la región se pintaron de morado y se "solidarizaron" con sus trabajadoras. Algunos empresarios, más "generosos y vanguardistas", decidieron, en un arrebato de cuasi sororidad, “darles el día” a sus empleadas administrativas, con la atenta sugerencia de permanecer alertas y, “en la medida de lo posible”, hacer teletrabajo.

A pesar del persistente ambiente de violencia generalizada, pero claramente acentuada hacia las mujeres, y de la consecuente crisis de seguridad por el incontenible fenómeno del feminicidio; la vasta diseminación del llamamiento "huelguista" no se explica sin la potente amplificación del aparato mediático con el que cuenta la oligarquía mexicana.
Televisoras, radiodifusoras, productoras y diarios fueron utilizados sin sutilezas. Reporteras y locutoras, encomendadas a justificar lo que hace apenas unos meses resultaba condenable para sus editores, nos ofrecieron la bizarra crónica de una manifestación desvirtuada por el statu quo.

Sin partido (y sin explicación)
Sí, la emergencia es incuestionable y la violencia feminicida ha sido cabalmente señalada por las víctimas (y los colectivos alrededor de ellas) durante la jornada real del #8M mexicano; pero muy poco tienen que ver esas acciones con lo que los grupos “paristas” más activos han propuesto para hoy.
Si bien hay que exigirle a este gobierno que se sobreponga a la omnipresente (y en este caso, francamente torpe) figura del ejecutivo, para que su gabinete pueda operar por sí mismo y se establezcan rutas y compromisos puntuales para salvaguardar a las mujeres mexicanas. La idea del #9M no establece con claridad dicha demanda, y desde luego está completamente desvinculada del germen netamente izquierdista que originó el histórico paro en España.
Por otro lado, es en la realidad cotidiana y común misma que el paro de hoy no encuentra eco. Las mujeres menos privilegiadas han ido a trabajar, como todos los días, en las empresas que practican el feminismo de papel. Ellas y otras tantas mujeres no encuentran explicación o vinculación con esa convocatoria y la han ignorado o incluso rechazado.
Y es que la penetración derechista en algunos grupos feministas mexicanos ha conseguido, tristemente, sustituir sus ideas, fines y estrategias, con la rabia.

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