México Vérité: tu vida es la película

Y nosotros ¿para qué vamos al cine? ¿Para entretenernos? ¿Para ensanchar la vida hasta la sala y la sala hasta la vida? ¿O ya sólo entramos al cine para escapar de la película de horror en la que se ha convertido nuestra mexicanidad?
Alejandro se escapó de la sala y del celuloide para traernos, desde ese más allá, no una historia sino un testimonio; uno valiente.
Al ver las cajas frigoríficas en el noticiario se supo aludido. En cuanto el escándalo noticioso se convirtió en información medianamente clara, decidió acudir al Servicio Médico Forense de Jalisco. Esperaba la aparición de un Virgilio que lo guiase gentilmente, pero en lugar de eso, unas jóvenes servidoras sociales le ofrecieron lo que humanamente se puede ofrecer cuando no hay manera, cuando no existen instrumentos para navegar en aquellos archivos del desasosiego.
México es la película de Horror en la que el sobrino de Alejandro desapareció. La misma en la que, cuando viví en Cuautitlán, en el Estado de México, mi vecina del departamento de abajo fue encontrada muerta por un disparo en la cabeza que, según la policía, se propinó ella misma (y no su esposo, policía de tránsito y custodio del arma). La misma película en la que un número indeterminado de cadáveres humanos rondan de madrugada por carreteras suburbanas, apilados como basura putrefacta dentro de cajas de tráiler refrigeradas.
En esta historia todos estamos en el casting, deseando no representar a quien desaparecerá, pero tampoco ser el personaje que a Alejandro le tocó encarnar.
Ojalá, como él, todos lleguemos al punto de la trama en el que la racionalización de nuestra propia experiencia nos libere del dolor. Para poder contar nuestra propia historia cabalmente. Para despojar al duelo del terror. Para abrazar la luz de la razón…
Para detener la barbarie.
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