Whiplash: Sangre, sudor y tempo (y una sola lágrima)

Después de ser brutalmente abofeteado por Terence Fletcher (J.K. Simmons), Andrew (Miles Teller) ha tomado una decisión: no habrá nadie, absolutamente nada, que le impida convertirse en uno de los bateristas más importantes en la historia del Jazz.

La omnipresencia del Jazz, el gran acierto

El Jazz, su sonido y su magia, pueden sentirse en la sala. Ese es el principal acierto de Chazelle. Pero no sólo el ambiente sonoro está impregnado de la síncopa, es la propia narrativa la que ha quedado bajo su influjo. Una tarola, percutida progresiva y vehementemente por el actor principal, nos introduce a la primera secuencia de un filme que también se tornará frenético en su propuesta visual.

El síndrome del Cisne Negro. Algunos de sus síntomas

En al menos un par de ocasiones, Chazelle, a través del personaje interpretado por J.K. Simmons, recurre a una de las anécdotas más famosas sobre dos leyendas jazzísticas; aquella en la que un joven y desconocido Charlie Parker, durante una sesión, fue evidenciado y agredido por el baterista Jo Jones, quien le arrojó un platillo a la cabeza por haberse adelantado al tempo de la banda.

La respuesta es el Jazz

Por fortuna –y no les he arruinado nada­–, la propia fuerza del montaje permite hacer a un lado esos deslices y posibilita fijar la atención en la fuerza del personaje principal. Andrew ­–nuevo acierto– no flaquea ante esas ideas del auto flagelo del artista y logra el disfrute de su propia (aunque sí, un poco dolorosa y sangrienta) actividad artística.

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